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El boom de las nuevas habilidades: ¿Un riesgo o una oportunidad?

Ante un año tan inseguro e inestable, laboralmente hablando, el panorama mundial evidencia una sobreoferta en el mercado de las recapacitaciones para poder adquirir nuevas habilidades y acumular conocimientos. Éstas, muchas veces no están teniendo una alineación correcta, o por lo menos, no sin un verdadero entendimiento de su propósito.  

Así como lo vaticinan diversos especialistas que intentan diagramar a futuro un escenario laboral. Ellos coinciden en que, dentro de diez años, más del cincuenta por ciento de los casi dos mil millones de jóvenes del mundo entero, no tendrán o no adquirirán las habilidades o calificaciones necesarias para participar en una fuerza laboral emergente. No por no especializarse, sino por el contrario, por no entender su verdadero propósito y alcance. 

El mercado va abriendo sus puertas para poder ofertar miles y millones de cursos, grados y especializaciones que prosperan para satisfacer, lamentablemente, un mercado ansioso y lleno de incertidumbres laborales a futuro. 

Pero tal inseguridad era de esperar. Si tan sólo en Colombia, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, entre enero y septiembre de este año, el país ha perdido 481.472 contratos laborales dependientes

Así las cosas, el futuro del campo laboral, tal como lo conocíamos, ya no es predecible, ni muchos menos certero. Hoy vemos que muchos puestos de trabajo, grandes habilidades y esquemas de trabajo tiemblan ante esta revolución, que ha causado en casi un año, los mismos estragos que otras lo han hecho en un siglo. 

Y es que las estadísticas se entienden solas: estudios vaticinan que, dentro de dos décadas, el 90% de todos los trabajos actuales requerirán habilidades digitales, por eso resulta esencial ayudar a que las personas estén mejor preparadas, pero no desbordadas por saber. 

Es primordial que los gobiernos implementen astutas y acertadas políticas para proporcionar reales oportunidades de aprendizaje, que tengan como fin último el poder eliminar barreras sociales, económicas y de género, que hoy son abismantes. 

Según la postura de los expertos, la idea de capacitar a miles de millones de personas en nuevas habilidades técnicas, no es congruente si, al fin y al cabo, no hay suficientes trabajos para aplicarlos. 

Por eso, pensar en que la difícil e inestable situación en la que se encuentran millones de trabajadores hoy, se resolverá acumulando capacitaciones, está muy lejos de ser una teoría certera y convincente. 

Debemos ser selectivos. Los gobiernos actuales tienen y deben adoptar una postura prudente y lógica frente al tema de las capacitaciones. Debe primar el fin último de ser acotadores de brecha y no, simplemente, de capacitar sólo por capacitar. 

Las políticas empresariales que se implementen al interior de las empresas, no sólo deben apuntar a un enriquecimiento de conocimientos, sino que deben ser abordadas desde una teoría basada en la orientación certera de habilidades, para no perder el rumbo, y no caer en un simple cúmulo de ellas, sin coherencia y sin encajar en un campo laboral determinado. 

“Las cifras apuntan a una sobreoferta de habilidades”, argumenta Hal Salzman, sociólogo de la Universidad de Rutgers, en Estados Unidos. En un artículo publicado hace dos años, el profesional argumenta que entre el 60 y el 70% de los graduados en computación e ingeniería de su país consiguen trabajos en STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). 

Asimismo, un estudio de la Oficina de Estadísticas Nacionales publicado en 2019, evidenció un panorama similar en el Reino Unido, al entablar que la escasez de habilidades no es el problema. Los datos mostraron que el 16% de los trabajadores en 2017 estaban sobre educados para sus trabajos, lo que aumentó al 31% para los graduados. 

Para Marcela Escobari, de Brookings Institution en Estados Unidos, el enfoque en la recapacitación no es más que una maraña de incentivos desalineados y un entusiasmo excesivo por una bala de plata.  

Ella, junto con sus colegas publicaron un informe llamado “Realism About Reskilling” (“La Realidad de las Recapacitaciones”). En él concluyen que un enfoque miope en las habilidades, oscurece las numerosas otras barreras que pueden atrapar a los trabajadores en labores sin futuro. 

Su equipo, en un constante estudio de las transiciones laborales del mundo real, descubrieron que la mayoría de los trabajadores no requería un reentrenamiento como tal, sino más bien orientaciones para escoger la industria adecuada en la cual ingresar. 

Por eso, crearon una herramienta en línea, basada en datos, sobre las transiciones laborales.  Sus usuarios pueden enterarse cómo y dónde otros profesionales de su mismo se han trasladado con éxito otros en su ocupación y área.  

La reflexión final de Escobari, así como de muchos otros profesionales escépticos ante tanta demanda de recapacitaciones, y de tanta incertidumbre laboral, es que los gobiernos y el gremio empresarial deberían centrarse en facilitar este tipo de transiciones y no sólo en promoverlos por deporte.  

Todos hemos oido hablar de la necesidad de desarrollar habilidades digitales para enfrentar el mercado laboral de esta nueva revolución industrial. Los nuevos puestos de trabajo serán asignados a quienes dominen la interacción con la red y con los centros de cómputo, y sean capaces de analizar su entorno y adaptarlo al potencial de la digitalización.

El reconocimiento de esta realidad está generando una presión enorme para que las personas abandonen su actividad productiva y busquen mejores oportunidades a través del reentrenamiento en habilidades digitales.

Muchas de las plataformas de aprendizaje en línea se están aprovechando de este fenómeno, prometiendo la formación rápida en habilidades tales como lenguajes de programación, marketing digital, inteligencia artificial, entre otros. Lo que no advierten es que sin bases sólidas, las habilidades que prometen entregar no se materializan y las personas quedan a la deriva sin poder encontrar las oportunidades a las que aspiran.

El Ministerio de Tecnologías de la Información de Colombia, declaró a principios de este año que el déficit de programadores para afrontar los desafíos de la Industria 4.0, tan sólo en el país, es de 100.000 personas.

El esquema que mejor se acomoda, tanto para formar las personas como para materializar los puestos de trabajo, consiste en generar oportunidades como aprendices en ambientes laborales reales, resolviendo problemas reales junto a programadores expertos y con posibilidades de contratación tangibles al final del proceso formativo.

Por eso, es fundamental perfilar a los aspirantes según sus gustos y habilidades naturales. Por ejemplo, no es viable formar un programador que no muestre una inclinación o un mínimo de gusto por las matemáticas. No solo no logrará desarrollar las habilidades necesarias sino que no disfrutará al trabajar en este campo.

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