La Empresa del Futuro

  • En pleno desarrollo pandémico, y aun soslayando los nefastos efectos económicos de tal escenario, las empresas están de a poco olvidando sus estructuras rígidas, para dar paso a una profunda transformación laboral que probablemente culminará en un esquema muy distinto al conocido hasta hoy.  

Uno de los principales estragos de la emergencia sanitaria que se vive a nivel mundial, se evidencia de lleno en el área laboral, en cómo se concebía el modelo de dependencia de prestaciones pre pandemia, y cómo se percibe hoy. Resulta crucial plantearnos un panorama efectivo y resiliente, que lejos de ser inaplicable, ha mostrado con creces, tener una efectividad preponderante en términos de productividad y retroalimentación. 

La sociedad, en desmedro de mostrar apatía por esta transformación de paradigma laboral, ha manifestado su ferviente inclinación hacia una transición sensata y necesaria, pue las empresas de hoy siguen rigiéndose por cánones jerárquicos de cadena de mando, que inhiben tantos avances que van de la mano con las superaciones tecnológicas. Esto, a pesar de estar de cara a una profunda revolución de la información, que avanza drásticamente más rápido que cualquier otra que haya ocurrido en tiempos de la humanidad. 

 Nunca sabremos a ciencia cierta si este planteamiento que se vuelve cada vez más real, fue gestándose antes de la pandemia, imponiendo la necesidad de convertir los parámetros laborales existentes, o si realmente ocurrió gracias a ella y a la necesidad de mirar las cosas, desde entonces, desde otra perspectiva imperante y necesaria.  

Lo que sí sabemos es que, para que esta transformación funcione, es necesaria una profunda e irrevocable revolución en las prácticas de gestión de las empresas, entendiendo las raíces del cambio y su inminente necesidad de reajuste. 

El escenario actual es una amalgama de dos escenarios opuestos; por un lado, converge un sistema con modelos laborales muy antiguos y con bases que se remontan a los inicios de la Primera Revolución Industrial, con bases de gestión del siglo anterior. Por otro, y paralelamente, nuevas compañías que operan drásticamente al sentido contrario, gracias a su oportuna acogida a la tecnología. El problema radica cuando no hay aceptación del escenario venidero y cierran sus puertas ante semejantes procesos evolutivos. 

A pesar de que esta pandemia nos ha mostrado la cara más amigable del teletrabajo, y en desmedro de su faceta más criticada-que confluye básicamente en una invasión de la privacidad y en la incapacidad de separar roles- las nuevas rutinas de trabajo en casa han demostrado ser eficaces y productivas, casi en su totalidad gracias a las nuevas tecnologías. 

Así, el correo electrónico, los pagos en línea, las conferencias virtuales, las reuniones que cumplen su objetivo tanto virtual, como presencialmente, nos dan una clara señal de que se puede, y que hay infinitas tareas que se pueden realizar al alero de ambiciones tecnológicas, que sólo convergen en un sustancial ahorro de tiempo y de otros factores que ambicionan una mejora sustancial en la calidad de vida. 

A pesar de aquello, aún vemos cómo muchas organizaciones siguen inmersas en los esquemas de antaño, en cómo no se transa la “seguridad” del empleo fijo y sus prestaciones, para dar paso a un sistema evolutivo que pretende poner al trabajador como decidor de su espacio y su tiempo, de sus horarios y de los cumplimientos de meta, pues al fin y al cabo las mismas cosas que se pueden medir de su desempeño en una oficina física, se pueden hacer y registrar en un espacio virtual. 

Hoy tenemos una generación de jóvenes que se incorporan a la fuerza laboral y que no han conocido un mundo sin internet. Dan por sentado que podrán comunicarse con sus colegas allá donde estén y en el momento que quieran. No entienden los límites tradicionalmente establecidos entre vida privada y laboral ni la necesidad de estar atado a un despacho para poder trabajar.  

Cuestionan la cultura de las largas jornadas y el modelo laboral de la presencialidad, heredado de las generaciones precedentes. Asimismo, valoran su libertad personal, por lo que esperan tener poder de decisión sobre la prevalencia que debe tener el trabajo en sus vidas. 

Ésa es la verdadera ancla que nos permitirá encaminarnos al futuro laboral y tecnológico. Es al alero de estos jóvenes y de las nuevas tecnologías emergentes, que, se supone, nos permitirán un manejo armónico entre la vida privada y el trabajo, avanzando en esta transición, derribando arcaicos sistemas de sumisión que hoy se ven obsoletos y son tachados de ineficaces. 

Quienes se adhieran de una manera coherente a estos cambios, son quienes lograrán la efectividad productiva y económica de sus empresas u organizaciones. Quienes dejen pasar el tiempo sin entender y sopesar los verdaderos alcances de estos procesos tecnológicos y evolutivos, son quienes corren el riesgo de, más adelante, no encajar en sistemas que se darán por sentados, y serán básicamente, el futuro. 

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